El último hombre sobre la Tierra (Soy leyenda), de Sidney Salkow y Ubaldo Ragona

the_last_man_on_earth-847309324-mmedEn esta distopía convertida en un clásico, Vincent Price da vida a un científico (Robert Morgan) que se enfrenta en solitario a las consecuencias de una fatal epidemia bacteriológica que se ha desatado por todo el planeta y que convierte a las personas en una especie de zombis vampirizados que duermen de día y deambulan por las noches en busca de sangre. La sobria dirección conjunta de  Sidney Salkow y Ubaldo Ragona nos expone la solitaria supervivencia de Price, ejecutor de vampiros por el día y hombre asediado de noche por las turbas de vampiros que tratan de asaltar su casa. La cinta, además, nos relata la historia retrospectiva del camino que lo conducirá hasta su desesperada condición de último hombre sobre la tierra.

Basada en la novela de Richard Matheson, “Soy Leyenda“, se trata de la primera de las tres versiones cinematográficas que se han realizado hasta el momento del libro (las siguientes protagonizadas por Charlton Heston y Will Smith respectivamente). Posiblemente también resulte la más fiel a la novela, lo que tal vez pueda explicarse por la participación del propio Matheson en el guión, aunque este, en desacuerdo y frustrado con las modificaciones posteriores que se efectuarían, evitaría firmar con su nombre y figuró en los creditos con el seudónimo de Logan Swanson, desvinculándose casi completamente del proyecto. Escarmentado de esta experiencia, Matheson evitará participar en el remake que realizará Boris Sagal siete años después.

Es destacable la fotografía en blanco y negro, seca y escueta, que consigue impregnar toda la película de una desapasionada desesperanza. También es especialmente llamativa la potencia de los planos de las calles solitarias, en los cuales podemos observar la fuerza del vacío, la prolongación exterior del enorme hueco que el protagonista siente dentro de sí.

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El testamento del Dr. Mabuse, de Fritz Lang

das_testament_des_dr_mabuse-745977420-mmedEl testamento del Dr. Mabuse es una secuela, casi diez años después, de Dr. Mabuse  (véase la entrada de julio de 2016 de este mismo blog) realizada de nuevo por Fritz Lang (uno de los directores favoritos de este Blog, con esta ya vamos por su tercera película aquí, contando la citada Dr. Mabuse y Metrópolis).

En esta ocasión, el malvado Doctor Mabuse (interpretado por el veterano Rudolf Klein-Rogge) se encuentra en un asilo psiquiátrico planeando nuevas tropelías, y será el inspector Lohmann (interpretado por Otto Wernicke) quien intentará detener la conspiración criminal que aquel encabeza y que planea acciones como un ataque a una planta química, el robo de un banco, el envenenamiento de agua y la destrucción de cosechas, entre otras.

La trama se irá complicando a medida que aparezcan en escena el mafioso Thomas Kent, el institucionalizado Hofmeister y el Profesor Baum, quien parece sentirse fascinado por la figura de Mabuse.

El Testamento del Dr. Mabuse sería la segunda película sonora de Lang para Nero-Film y la última colaboración son su esposa y guionista Thea von Harbou.

Un detalle no menor de su trayectoria comercial es que la película se realizó en pleno ascenso de Adolf Hitler. El propio Joseph Goebbels, ya como Ministro de Propaganda, vetaría la película en Alemania con el argumento de que la cinta socavaba la confianza del público en sus líderes políticos.

La película completa puede verse aquí:

Blade Runner: Blackout 2022, de Shinichiro Watanabe

blade_runner_black_out_2022_s-203458951-largeNos encontramos estos días bajo el influjo de unos de los estrenos del año: Blade Runner 2049, la secuela de una de las películas de ciencia ficción más influyentes de la historia y uno de los filmes favoritos de muchos, entre los que me encuentro: la majestuosa y aún enigmática Blade Runner, dirigida por Ridley Scott y estrenada en 1982, hace 35 años nada menos.

Pues bien, entre la cronología de una y otra película aparece esta pequeña pero muy interesante cinta en forma de cortometraje anime dirigida por Shinichiro Watanabe (creador de Cowboy Bebop y Samurái Champloo -entre otros-) y estrenada hace poco más de un mes en Crunchyroll, que se sitúa tres años después de los acontecimientos que narra la original Blade Runner. En ella asistimos a la creación de la nueva serie de replicantes Nexus 8 y a los hechos que  desencadenarán dos replicantes, Iggy y Trixie, quienes se proponen provocar un “Blackout” (apagón) en la ciudad de Los Ángeles.

Uno de sus principales atractivos, además de recrear con efectividad un universo de tanta riqueza, es la combinación de diferentes técnicas de animación, configurando un trabajo de gran belleza visual. Además, hay que apuntarle en el debe del creador las pinceladas de intimismo lírico que evocan la capacidad de la cinta original de preguntarse, entre el humo, las luces, el acero y la noche, por algunos elementos profundos de la condición humana.

En cualquier caso, aunque puede entenderse como el prólogo de una obra mayor, se trata de un cortometraje que se sostiene sobre sí sin ayuda alguna y nos ofrece en 15 minutos un pequeño gran drama humano no necesariamente protagonizado por humanos.

El film puede verse completo aquí:

Me siento rejuvenecer (Monkey Business), de Howard Hawks

monkey_business-271659698-large“Me siento rejuvenecer” es una de las últimas incursiones de Howard Hawks en el subgénero de la screwball comedy (ya en 1952) y se trata, posiblemente de una de sus películas más divertidas junto a otra de las cintas con la que esta guarda bastantes paralelismos: “La fiera de mi niña”.

Barnaby Fulton (Cary Grant) es un despistado químico de una importante empresa que se encuentra empeñado en encontrar la fórmula de la eterna juventud. La fortuita intervención de una chimpancé y una serie de equívocos darán lugar a una sucesión de hilarantes y disparatadas aventuras, en las que se verá inmiscuido el profesor, su prometida (Ginger Rogers), todo el grupo científico, su jefe (Charles Coburn) y hasta su secretaria (una joven Marilyn en un pequeño papel).

La fórmula argumental, un científico -a menudo despistado- que realiza experimentos que se le escapan de las manos, ha sido posteriormente utilizada con frecuencia en comedias de todo tipo con mejor o peor fortuna. La ventaja de esta película consiste en explotar las virtudes para la comedia que derrocha la pareja de protagonistas, Cary Grant y Ginger Rogers.

La película puede verse completa pulsando directamente sobre la pantalla:

The Fly (1958), de Kurt Neumann

fly_1958_poster.jpg Los experimentos científicos salen mal de vez en cuando, aunque en pocas ocasiones salen tan mal como en este película ya clásica (de la cual se realizaron varias secuelas, entre ellas un remake en 1986 que a día de hoy es probablemente las más conocida de todas ellas). Filmada en 1958 bajo los ecos de un conservadurismo moral predominante en los Estados Unidos, esta cinta alerta, entre otras cosas, de los peligros que conlleva el progreso y el avance científico. De hecho, prorroga el cuestionamiento del mito del “progreso” científico y forma parte de un conjunto de películas, como «El testamento del doctor Cordelier» (Renoir, 1959) —que se apoyaba en el Dr. Jekyll y Mr. Hyde— o «El hombre con rayos X en los ojos» (Corman, 1963), o todas aquellas derivadas del “Frankenstein” original, que responsabilizarán a la ciencia de la creación de un monstruo.

Los protagonistas, un brillante científico y su esposa, se dibujan como sendos arquetipos que contrastarán sus respectivas actitudes ante “el progreso”: mientras que él se muestra convencido de que toda conquista de conocimiento es buena, su mujer, por el contrario, se siente temerosa ante dicho “progreso” y la carencia de estabilidad que este implica.

La trama es bien conocida: el protagonista, un brillante científico, se obsesiona por perfeccionar una máquina que pueda transportar materia de un lugar a otro. Tras conseguirlo con éxito en sus primeras pruebas, decide experimentar con un humano y no se le ocurre mejor opción que hacerlo consigo mismo. Sin embargo, una mosca común se interpondrá y realizará el camino con él. Así, cuando emergen del experimento, ambas criaturas habrán cambiado considerablemente.

La mosca es uno de los clásicos indiscutibles de la ciencia ficción de los cincuenta. El guión de James Clavell toma un relato de George Langelaan como base argumental para desarrollar una historia presentada a través de un largo flashback. La película, sin unos efectos especiales espectaculares y ambientada en apenas un par de escenarios distintos, busca entretener, a la vez que filtra el tipo de reflexión moral propia del género de ficción de aquellos años, que plantea los posibles peligros del progreso en una sociedad que todavía no esta preparada para asimilarlos.

La película se puede ver completa pinchando en el siguiente enlace:

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“Robert Koch: El vencedor de la muerte”, de Hans Steinhoff

robert_koch_der_bekampfer_des_todes-360988672-largeQue el cine ha sido durante su historia un arma propagandística de primera magnitud (además de, evidentemente, muchas cosas más) practicamente hoy no lo duda nadie. Lo ha sido durante los principales conflictos mundiales, lo fue durante la Guerra Fría y lo continúa siendo en cuanto correa de transmisión y de reafirmación de determinados valores dominantes. También, y afortunadamente, ha sido un arma de creación, de resistencia, de lucha y de dignidad, y todo ello, precisamente, debido a su tremenda capacidad de sugestión, de emoción y de comunicación.

Entre los casos más flagrantes de su utilización como propaganda, hay algunos que llaman especialmente la atención: el caso de la película de este mes es uno de ellos. “Robert Koch: El vencedor de la muerte” se trata de una clara “contraprogramación” del nacionalsocialismo alemán a la “Tragedia de Louis Pasteur” (1936), la película dirigida por Dieterle (y que ya incluimos en una entrada anterior), intentando enaltecer los avances científicos que logró la medicina alemana de la mano del científico Robert Koch casi treinta años después de su muerte.

La cinta es más o menos un biopic al uso aunque sus valores artísticos quedarán oscurecidos, en cualquier caso, por el tufazo nacionalsocialista que destila. De todas formas, su visionado resulta interesante para conocer de primera mano una muestra de este tipo de “cine dirigido” y saber algo más de este hombre, premio Nobel en 1905 y considerado el fundador de la bacteriología, y que poca culpa podía tener de que a alguien en algún momento se le ocurrió convertirlo en el científico-emblema de la moralidad nazi.

Título original: Robert Koch, der Bekämpfer des Todes
Año: 1939
Duración: 113 min.
País: Alemania
Director: Hans Steinhoff
Guión: Paul Josef Cremers, Gerhard Menzel, Lotte Neumann, Walter Wassermann (Novela: Hellmuth Unger)
Música: Wolfgang Zeller
Fotografía: Fritz Arno Wagner (B&W)

Reparto: Emil Jannings, Werner Krauss, Viktoria von Ballasko, Raimund Schelcher, Hilde Körber, Theodor Loos, Otto Graf, Hildegard Grethe, Josef Sieber, Peter Elsholtz, Elisabeth Flickenschildt, Bernhard Minetti, Paul Bildt, Paul Dahlke, Rolf Prasch

 

Los monstruos del terror, de Tulio Demicheli y Hugo Fregonese (o la ciencia al servicio de los extraterrestres para dominar el mundo)

Esta es otra de esas peculiares películas de serie Z realizadas en España durante los años 70 y en las se deja sentir la popularidad de un tipo de cine a caballo entre la ciencia ficción y el terror, y que venía exhibiéndose en las salas de cine desde la primera oleada de monstruos de los años 20 y 30 pasando por las producciones de la Hammer y la Warner y el revival que hace Roger Corman en los 50 y 60.

En este caso se suma una pintoresca puesta en escena con un argumento (el guión es de Paul Naschy) realmente imaginativo y bastante demencial en el que un avieso extraterrestre del planeta Ummo, un tal Varnoff, es enviado a la tierra para resucitar a un científico y a una enfermera con el fin de que le ayuden en su plan: devolver a los grandes monstruos a la vida (Drácula, el Hombre Lobo, la Momia y el monstruo de Frankenstein, nada menos) y con ellos conseguir dominar el mundo.

Con el argumento encima de la mesa ya es imposible que alguien se lleve a engaño: los atractivos de la película son variados pero ninguno relacionado con su calidad cinematográfica: ojo a la ambientación del laboratorio, a los guiños a los clásicos de la Hammer, a la curiosa banda sonora y a las enganchadas entre monstruos a lo largo de la cinta.

Una curiosidad, una más, dentro de la cinematografía española del franquismo tardío.

Se puede ver completa pulsando en la pantalla inferior: