The Fly (1958), de Kurt Neumann

fly_1958_poster.jpg Los experimentos científicos salen mal de vez en cuando, aunque en pocas ocasiones salen tan mal como en este película ya clásica (de la cual se realizaron varias secuelas, entre ellas un remake en 1986 que a día de hoy es probablemente las más conocida de todas ellas). Filmada en 1958 bajo los ecos de un conservadurismo moral predominante en los Estados Unidos, esta cinta alerta, entre otras cosas, de los peligros que conlleva el progreso y el avance científico. De hecho, prorroga el cuestionamiento del mito del “progreso” científico y forma parte de un conjunto de películas, como «El testamento del doctor Cordelier» (Renoir, 1959) —que se apoyaba en el Dr. Jekyll y Mr. Hyde— o «El hombre con rayos X en los ojos» (Corman, 1963), o todas aquellas derivadas del “Frankenstein” original, que responsabilizarán a la ciencia de la creación de un monstruo.

Los protagonistas, un brillante científico y su esposa, se dibujan como sendos arquetipos que contrastarán sus respectivas actitudes ante “el progreso”: mientras que él se muestra convencido de que toda conquista de conocimiento es buena, su mujer, por el contrario, se siente temerosa ante dicho “progreso” y la carencia de estabilidad que este implica.

La trama es bien conocida: el protagonista, un brillante científico, se obsesiona por perfeccionar una máquina que pueda transportar materia de un lugar a otro. Tras conseguirlo con éxito en sus primeras pruebas, decide experimentar con un humano y no se le ocurre mejor opción que hacerlo consigo mismo. Sin embargo, una mosca común se interpondrá y realizará el camino con él. Así, cuando emergen del experimento, ambas criaturas habrán cambiado considerablemente.

La mosca es uno de los clásicos indiscutibles de la ciencia ficción de los cincuenta. El guión de James Clavell toma un relato de George Langelaan como base argumental para desarrollar una historia presentada a través de un largo flashback. La película, sin unos efectos especiales espectaculares y ambientada en apenas un par de escenarios distintos, busca entretener, a la vez que filtra el tipo de reflexión moral propia del género de ficción de aquellos años, que plantea los posibles peligros del progreso en una sociedad que todavía no esta preparada para asimilarlos.

La película se puede ver completa pinchando en el siguiente enlace:

blob:http://www.dailymotion.com/a3543bea-c17c-4270-a92a-61a64feb2ae0

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“Robert Koch: El vencedor de la muerte”, de Hans Steinhoff

robert_koch_der_bekampfer_des_todes-360988672-largeQue el cine ha sido durante su historia un arma propagandística de primera magnitud (además de, evidentemente, muchas cosas más) practicamente hoy no lo duda nadie. Lo ha sido durante los principales conflictos mundiales, lo fue durante la Guerra Fría y lo continúa siendo en cuanto correa de transmisión y de reafirmación de determinados valores dominantes. También, y afortunadamente, ha sido un arma de creación, de resistencia, de lucha y de dignidad, y todo ello, precisamente, debido a su tremenda capacidad de sugestión, de emoción y de comunicación.

Entre los casos más flagrantes de su utilización como propaganda, hay algunos que llaman especialmente la atención: el caso de la película de este mes es uno de ellos. “Robert Koch: El vencedor de la muerte” se trata de una clara “contraprogramación” del nacionalsocialismo alemán a la “Tragedia de Louis Pasteur” (1936), la película dirigida por Dieterle (y que ya incluimos en una entrada anterior), intentando enaltecer los avances científicos que logró la medicina alemana de la mano del científico Robert Koch casi treinta años después de su muerte.

La cinta es más o menos un biopic al uso aunque sus valores artísticos quedarán oscurecidos, en cualquier caso, por el tufazo nacionalsocialista que destila. De todas formas, su visionado resulta interesante para conocer de primera mano una muestra de este tipo de “cine dirigido” y saber algo más de este hombre, premio Nobel en 1905 y considerado el fundador de la bacteriología, y que poca culpa podía tener de que a alguien en algún momento se le ocurrió convertirlo en el científico-emblema de la moralidad nazi.

Título original: Robert Koch, der Bekämpfer des Todes
Año: 1939
Duración: 113 min.
País: Alemania
Director: Hans Steinhoff
Guión: Paul Josef Cremers, Gerhard Menzel, Lotte Neumann, Walter Wassermann (Novela: Hellmuth Unger)
Música: Wolfgang Zeller
Fotografía: Fritz Arno Wagner (B&W)

Reparto: Emil Jannings, Werner Krauss, Viktoria von Ballasko, Raimund Schelcher, Hilde Körber, Theodor Loos, Otto Graf, Hildegard Grethe, Josef Sieber, Peter Elsholtz, Elisabeth Flickenschildt, Bernhard Minetti, Paul Bildt, Paul Dahlke, Rolf Prasch

 

Los monstruos del terror, de Tulio Demicheli y Hugo Fregonese (o la ciencia al servicio de los extraterrestres para dominar el mundo)

Esta es otra de esas peculiares películas de serie Z realizadas en España durante los años 70 y en las se deja sentir la popularidad de un tipo de cine a caballo entre la ciencia ficción y el terror, y que venía exhibiéndose en las salas de cine desde la primera oleada de monstruos de los años 20 y 30 pasando por las producciones de la Hammer y la Warner y el revival que hace Roger Corman en los 50 y 60.

En este caso se suma una pintoresca puesta en escena con un argumento (el guión es de Paul Naschy) realmente imaginativo y bastante demencial en el que un avieso extraterrestre del planeta Ummo, un tal Varnoff, es enviado a la tierra para resucitar a un científico y a una enfermera con el fin de que le ayuden en su plan: devolver a los grandes monstruos a la vida (Drácula, el Hombre Lobo, la Momia y el monstruo de Frankenstein, nada menos) y con ellos conseguir dominar el mundo.

Con el argumento encima de la mesa ya es imposible que alguien se lleve a engaño: los atractivos de la película son variados pero ninguno relacionado con su calidad cinematográfica: ojo a la ambientación del laboratorio, a los guiños a los clásicos de la Hammer, a la curiosa banda sonora y a las enganchadas entre monstruos a lo largo de la cinta.

Una curiosidad, una más, dentro de la cinematografía española del franquismo tardío.

Se puede ver completa pulsando en la pantalla inferior:

Solaris, de Andrei Tarkovsky

SolarisPara muchos, “Solaris” más que una película de ciencia ficción es una película de conciencia ficción, aludiendo así a su capacidad para emprender una exploración del interior del ser humano. Así, el componente de ciencia-ficción se convierte en un marco narrativo para introducir el tema metafísico en esta compleja e interesantísma cinta.

En “Solaris” el director ruso lanza una mirada desde el cosmos hacia la Tierra, hacia el hombre. Tarkovsky no realiza un viaje “hacia el infinito y más allá”, sino hacia el mundo interior del ser humano. “Considero que es un deber mío animar a la reflexión sobre lo específicamente humano y sobre lo eterno que vive dentro de cada uno de nosotros”, escribió Tarkovsky. No es casual ni una cuestión de “recursos”, que los efectos especiales se hayan reducido a su mínima expresión en la película, y que la estación espacial que gravita sobre el Océano inteligente presente un descuidado aspecto “doméstico” muy terrenal.
En el prólogo terrícola añadido por Tarkovsky al argumento de la novela en la que se basa, la de Stanislav Lem de título homónimo, el melancólico Kelvin, viudo prematuro, pasea entre jirones de niebla en torno a una laguna cercana a la dacha paterna. Un enviado de la organización cosmonáutica llega para proponerle, una vez más, una complicada misión:

En la estación espacial situada junto Solaris, un gigantesco océano de gas arremolinado en la vecindad de Júpiter (un océano que es una entidad inteligente) se están produciendo fenómenos alarmantes: astronautas exploradores hablan de fantasmales apariciones con figura humana. Entre la expedición científica hay muertes y suicidios, entre los que se encuentran algunos conocidos de Kelvin. La misión consistirá, por tanto, en viajar hasta allí y averiguar qué está sucediendo.

Cuando Kelvin llega a la estación espacial situada en Solaris, entrará en relación con los dos científicos supervivientes, de quienes obtiene informes confusos, a la vez que establecerá un perturbador contacto con la entidad Solaris, algo así como el alma ubicua del gigantesco océano de gas.

A semejanza de La Zona, de “Stalker”, Solaris es un singular campo de energía donde el contenido mental latente se plasma: de ser meramente psíquico, se convierte en corpóreo. Un espacio inteligente donde inconsciente y memoria se materializan.

Se trata de una película enormemente inquietante y realizada desde una contención narrativa que la convierte en una experiencia fílmica apasionante, llena de reflexión y belleza.

Se puede ver de forma completa desde las siguientes pantallas:

El hombre perseguido por un OVNI, de Juan Carlos Olaria (Ciencia ficción española por el Ed Wood catalán)

El hombre perseguido por un O.V.N.I.Esta película constituye una de los experiencias fílmicas más bizarras de la cinematografía hispana de los 70.

No es materia habitual para una película que la especie humana (y, en concreto, un español de mediana edad) suscite interés científico en seres de otros planetas; de la misma forma que tampoco la ciencia ficción ha sido un género muy transitado en España, y menos aún en 1976, cuando se filma esta curiosa cinta, en la que un hombre se verá perseguido tenazmentepor unos incansables “científicos” alienígenas que quieren estudiarlo a cualquier precio. Nada menos.

Pues bien, como parte del proceso de documentación para redactar esta entrada he consultado la base de datos especializada Filmaffinity. Allí he encontrado dos críticas que me han parecido muy reveladoras y que me permito citar y reproducir aquí: ambas toman la temperatura a la película y provocan ganas de verla. Qué más se puede pedir. Ambas se nos anticiparon. Se pueden encontrar en la siguiente dirección: http://www.filmaffinity.com/es/reviews/1/624913.html

Ahí van:

10 de enero de 2009
“Estamos ante una de las primeras películas de ciencia ficción rodadas en suelo patrio, por Juan Carlos Olaria, (también conocido por el Ed Wood catalán), con ausencia total de medios, actuaciones amateur, diálogos imposibles, música indescriptible y un guion demencial. Tenemos a un trajeado escritor de novelas baratas policiacas y de terror, al que unos extraterrestres que hablan entre sí en una especie de euskera, vestidos con un conjuntado pantalón, jersey de cuello alto y tocados con una especie de casco de moto envueltos en una bolsa de plástico, (tipo los AGV que llevaba Ángel Nieto), primero le tiran el Simca 900 por un barranco empujando entre cuatro, (mas adelante abducen el Simca 900 desde el ovni), aprovechando que el tío se ha bajado a dar una vuelta por una vieja iglesia que le pillaba por ahí y luego intentan secuestrarlo, cosa que no consiguen, al defenderse bravamente con los puños, iniciándose la caza del hombre por los aliens. Para no seguir contando más solo diré que hay una rubia neumática ligera de cascos, un erotismo comparado con el cual, el de Mariano Ozores en sus mejores tiempos es Arte y Ensayo. Ensañarse con esta película, sería fácil y cobarde, respeto la voluntad con la que se nota que está hecha y la veo como lo que es, una curiosidad con la que es imposible no encariñarse (la bajada de un puerto a todo trapo, con un Citroën 8 me ganó sin remisión), certificando que los que le pusieron el apodo de Ed Wood catalán, no andaban en absoluto descaminados.”
13 de diciembre de 2009

“Cuando un espectador pierde toda esperanza de sorpresa tras haber disfrutado de enormidades como el combate entre un zombie y un tiburón de Zombie 2, el skyjama que lucía el raro de los Calatrava en El ETE y el OTO, la carrera de antropología que le concedía Uwe Boll a Tara Reid a través de unas gafas de broma en Alone in the Dark y todo lo narrado en GAL de aquella forma tan curiosa, sólo le queda recurrir a una de las películas más bizarras que ha dado la filmografía ibérica, El Hombre Perseguido Por Un OVNI. Película honesta desde su título (en esencia es eso: un señor, otoñal para más señas, siendo perseguido por un OVNI o, para ser realistas, una serie de platos más o menos forrados con papel de plata) hasta el final, con unos créditos iniciales fascinantes y una premisa minimalista como pocas, la cual precisa de recordar el título de lo que estamos viendo para saber de qué va la cosa. Pero esta película cuenta con mucho más que analizar:

– Los alienígenas: seres que sangran en Titanlux amarillo y que gustan de pilotar sus naves con unas gafas de invidente. Controlan los viajes intergalácticos, pero para reducir el obsoleto vehículo del protagonista, un glorioso Simca, precisan de los esfuerzos de 4 efectivos de campo. Lo mismo duplican su cabeza que salen de un cesto dando mucho susto. Y dan pie a una de las réplicas más gloriosas del Cine: tras soltar una perorata a modo de justificación ciertamente aburrida el jefe alienígena a su preso, el perseguido, éste responde lo que diría cualquier español de bien, ¨esto es un atropello!¨, quedándose muy probablemente el subsiguiente ¨arriba España¨ o el atemporal ¨oiga, que yo soy español!!¨ en la sala de montaje.

– El protagonista: hombre viudo en época crepuscular, se conduce con mesura por la peli hasta que los alienígenas le hacen un feo llevándose su Simca al espacio (gloriosa secuencia): lo que era no temblar ante un desnudo femenino siquiera pasa a ser un liarse a buchantones con los de fuera nada más ponerle el brazo encima. Que digo yo, le quitan el fútbol y el poder ir al bar de la esquina y entra en cólera o se sindica contra los aliens. Se pasa gran parte del metraje corriendo por los naranjales levantinos, y en un momento dado su vida parece que tomara la senda de la homosexualidad tras conocer al inspector de policía. Grandes dotes para la bajada de puertos a velocidad absurda gracias a los milagros del montaje y el acelerar las tomas hasta 4 veces sus cuadros por segundo habituales.

– La música: sintetizadores, theremines, didgeridoos y demas instrumentos para tarados se reparten el protagonismo hasta que el protagonista resuelve sus tensiones con los de fuera y vuelve a la playa levantina, momento en el cual toda esta instrumentación vanguardista deja paso a unos inconfundibles punteos de guitarra flamenca que nos hacen ver que, uno, el protagonista está de vuelta en la tierra, y dos, que todo vuelve a ser normal. Ni Kenneth Anger usó así la música.”

Se puede ver esta maravilla aquí:

“Sombras blancas en los mares del Sur”, de W.S. Van Dyke (un documental que dejó de serlo)

Sombras blancas en los mares del surLa historia de esta película comienza vinculada a Robert Flaherty, el director de Nanook of the North (Nanook el Esquimal-1922) y Moana (1925), quien comenzó a dirigir Sombras Blancas… como uno más de sus particulares documentales en los que las cámaras se colocaban delante de personas que nunca antes habían visto una y que tenían que hacer de sí mismos y repetir sus faenas diarias o ejecutar sus ritos característicos, algo así como antropología escenificada al gusto occidental.

Como la productora, la todopoderosa MGM, ya se temía que los plazos que Flaherty se tomaría para realizar el film (en las Islas Marquesas de Oceanía) se le podrían ir de las manos, se había preocupado por colocarle un ayudante de dirección con fama de eficaz y solvente, de modo que cuando, efectivamente entendieron que esos plazos se habían ido de las manos, despidieron a Flaherty y lo reemplazaron por aquel, W.S. Van Dyke, quien terminaría figurando como director.

Esta película es una de las primeras que incorporó efectos de sonido (aunque únicamente aplicados junto con la música, sin extenderse aún a los diálogos, los cuales siguen apareciendo en forma de rótulos). Su estreno se retrasaría más de un año para que pudiera lucir esta novedad. Además, como curiosidad, cabe apuntar que será en su estreno cuando  los espectadores  escucharán por primera vez el rugido del león de la Metro antes de los títulos de crédito.

Rodada, como decimos, en las islas Marquesas, el argumento de la película es sencillo: cuenta la aventura de un médico que, desengañado del trato que los blancos dan a los nativos polinesios, se hace a la mar. La fortuna le hará naufragar cerca de una isla donde descubrirá el amor y la bondad natural de sus habitantes. Como telón de fondo de la película, se encuentra la amenaza que la llegada del hombre blanco representa frente a la inocencia de las culturas nativas. Este punto de partida, cimentado sobre la fascinación que en el occidente industrializado ejercían los países y los territorios que permanecían ajenos a su tipo de desarrollo, se plasmó en diferentes películas y consolidó un tipo de cine que combinaba la descripción de otras formas de vida más puras o “no contaminadas” con un tipo de discurso “rousseniano” muy orientado al consumo interno del propio occidente, ofreciendo una especie de “beatus ille” que ofrecía una vía de escape a las frustraciones del hombre y de la mujer urbanos del período de entreguerras.

W.S. Van Dyke alcanzó gran prestigio con este título, lo que le permitió poco después rodar la saga de ‘Tarzán de los monos’, además de otros títulos de ambiente exótico y, posteriormente, clásicos de los años 30 como ‘La cena de los acusados’, ‘María Antonieta’ o ‘San Francisco’.

La Mujer de las Dunas, de Hiroshi Teshigahara

La mujer de la arenaUn científico (un entomólogo, para más señas) se aventura en una región desolada en busca de un escarabajo extremadamente raro. Tras perder el autobús es engañado por las gentes del lugar para pasar la noche en una casa situada en un pozo de arena. Para llegar a ella debe descender por una escalera. Allí vive sólo una mujer y pronto comprueba que no puede escapar al ser retirada la escalera. A partir de ese momento, los días pasan con más lentitud. La arena se pega como una lapa a sus pómulos, sus piernas, a su cuerpo, y la cámara de Teshigahara lo recoge con una fuerza tremenda. Haciendo del plano detalle una potente herramienta, la película explora, en ocasiones casi a modo de documental, el ecosistema inédito de la prisión de arena en la que se ven obligados a convivir los dos personajes.

La película es mucho más que la imagen del cazador cazado, del entomólogo entomologizado, es también un thriler filosófico en el que las fronteras entre la libertad y el cautiverio se desdibujan a medida que se entretejen las historias particulares de los protagonistas. La alternancia entre los planos generales y los planos detalle nos dan la medida de los límites de la prisión del hombre moderno, alegorizado en este escenario de pesadilla por un personaje complejo, a la vez víctima y verdugo, que se ve arrinconado entre la implacabilidad de la naturaleza y las contradicciones de la propia naturaleza humana.

Cien por cien recomendable.