Yo maté a Einstein, caballeros, de Oldrich Lipský

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Yo maté a Einstein, caballeros es una película checoslovaca firmada por el realizador Oldrich Lipský en 1970.

La cinta parte de una premisa bastante disparatada, la cual marcará el devenir del tono con el que se abordará toda la narración de la trama. Nos encontramos en 1999, después de que un grupo de terroristas haya provocado un incidente nuclear de consecuencias inquietantes: a las mujeres de la Tierra les ha crecido la barba.

Ante esta situación de emergencia mundial surge la brillante idea de neutralizar la tecnología que había hecho esto posible, regresando al pasado -a 1911- con el objetivo de matar a Albert Einstein antes de que este siente las bases de la física moderna y posibilite a través de sus descubrimientos el desarrollo de la tecnología nuclear.

Con semejante planteamiento el espectador puede hacerse una idea de por dónde va a transitar la película, la cual se convierte en una comedia surrealista que satiriza cuestiones como el arquetipo narrativo de los viajes en el tiempo o la paranoia nuclear, y que gracias a la habilidad del director desarrolla más resonancias y mayores ecos de los que en principio podría suponerse a la ligereza de la cinta.

De hecho, la película podría interpretarse como un alegato en contra del progreso científico descontrolado y sus riesgos para la humanidad o, por el contrario, como una burla de los agoreros de la catástrofe tecnológica. En cualquier caso, la película es una marcianada divertida, original y muy reivindicable, y otra muestra de la muy significativa valía artística del cine checoslovaco de la década de los 60 y principios de los 70.

La película puede verse completa y subtitulada al castellano pinchando sobre la siguiente pantalla:

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El sonido de la muerte, de J.A. Nieves Conde

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El sonido de la muerte‘ es una de las películas menos conocidas y valoradas del director José Antonio Nieves Conde (1911–2006), una insólita recreación española del esquema y las características de las ‘monster movies’ norteamericanas de los años cincuenta, salpimentada con elementos de ciencia ficción.

Obviamente -atendamos a la época y a las condiciones en las que se encontraba el país- la película contó con muy bajo presupuesto, lo que no le ha impedido convertirse con el tiempo en una cinta de culto que reivindica la creatividad y solvencia del director, una rareza, por cierto, de su producción, siempre mucho más centrada en dramas y comedias.

El sonido de la muerte evoca al popular cine de monstruos de los años 50 y a la literatura pulp producida durante el primer tercio del siglo XX, y se inscribe en la órbita de un tipo de cine de género que reproducía moldes estadounidenses y británicos y que irrumpe en Europa a partir de los años sesenta (básicamente en Italia y España, en menor medida también en Alemania y Francia).

El argumento juega con la premisa del despertar de una entidad de origen desconocido al estilo de la novela de Lovecraft En las montañas de la locura (At the Mountains of Madness, publicada en 1936): un grupo de exploradores se encuentra en la búsqueda de un antiguo tesoro ubicado en una caverna en un lugar indeterminado de las montañas griegas. Por accidente, hallan dos huevos prehistóricos y de uno de ellos surge una criatura invisible que emite un terrible grito.

El rodaje se desarrolló entre el 3 de mayo y el 5 de junio de 1965; el interior de la cueva fue construido en los estudios que el productor americano Samuel Bronston tenía en esos años en la península ibérica, y la remota zona rural de Grecia en la que está ambientada la trama fue recreada en la localidad madrileña de La Cabrera. El título inicialmente previsto, El sonido de hace un millón de años se convirtió más tarde en El sonido prehistórico de la muerte y, finalmente, en El sonido de la muerte. En el mercado internacional la película es conocida con distintos títulos: The prehistoric soundSound from a million years agoSound of death y The sound of horror.

La película completa puede verse a continuación:

El hombre de la cámara (1929), de Dziga Vertov

chelovek_s_kino_apparatom_the_man_with_a_movie_camera-372501853-mmedEl Hombre de la Cámara, muy en la línea de “Berlín, sinfonía de una gran ciudad” (Berlin: Die Sinfonie der Großstadt, 1927), describe el trascurso de un día en una ciudad rusa mediante cientos de pinceladas fílmicas sobre la vida cotidiana. Podría decirse que se trata de un retrato puntillista en el que sólo la totalidad de los breves retazos permiten percibir la ciudad en su totalidad. Con la complicidad de su hermano, el operador Mikhail Kaufman, Vertov, fiel a su teorías, no permite ni por un momento que se pueda suponer que alguno de esos retazos pueda imaginarse inventado. Por ello en el vertiginoso montaje que plasma la fascinación de Vertov por el constructivismo y el futurismo, introduce constantemente imágenes del operador que, con su cámara, está filmando la realidad que le rodea.

Extraordinario montaje de la vida urbana en la Rusia de 1929, “El hombre de la cámara” es sin duda uno de los documentales más influyentes de todos los tiempos.

La película puede verse completa en la siguiente pantalla:

El hombre y el monstruo (Dr. Jekyll and Mr. Hyde), de Rouben Mamoulian

dr_jekyll_and_mr_hyde-371046876-largeEl film de Mamoulian fue la primera adaptación cinematográfica sonora de la novela de Robert Louis Stevenson. Esta cinta fue, además, la primera película proyectada en el Festival de Cine de Venecia en el año 1932.

La cinta, aún con un aroma de “silent movie” evidente y adelantando logros formales muy notables, se distancia un tanto del relato de Stevenson para narrar el conflicto interno -y externo- que surge de la disgregación y el enfrentamiento entre la dualidad animal y racional del protagonista.

En este sentido, la propia cámara asumirá un papel decisivo como un recurso narrativo fundamental que ayudará a expresar los temores, las ideas y los contrastes que darán pie al desarrollo de la trama de la historia.

El film está protagonizado por Frederic March, quien conseguiría por este doble papel protagonista el Óscar, dando vida al infatigable científico -y al monstruo de alma torturada- de una forma brillante. Le da la réplica Miriam Hopkins, cuya interpretación cautiva a la cámara en todos sus registros: como encarnación de la lujuria o como muchacha desesperada y vulnerable.

Mamoulian firmó con “El hombre y el monstruo” su tercera película imprimiendo un sello y un estilo muy marcado que más tarde será posible detectar, por ejemplo, en posteriores trabajos, como “Ámame esta noche” o “La reina Cristina de Suecia”.

El film completo puede verse pulsando el play en la siguiente pantalla:

Test pilota Pirxa, de Marek Piestrak

Test pilota Pirxa

Test pilota Pirxa es un film polaco -en coproducción con la Unión Soviética- que traslada a la gran pantalla un relato de Stanislav Lem donde se aborda de una manera brillante la cuestión de la relación entre el hombre y los “robots humanos” creados por él y los dilemas morales, éticos y metafísicos derivados de esta creación.

Ya convertido en un clásico de culto, la cinta suple sus carencias técnicas con una trama bien definida y un ritmo notable. La música de Arvo Pärt contribuye a generar un clima de desasosiego adecuado a la trama.

En ella el piloto espacial Pirxa es contratado para evaluar si unos robots son aptos para trabajar en vuelos por la galaxia. Cuando una misión acaba en tragedia, Pirxa será severamente examinado para decidir si fue el responsable de la muerte de su tripulación.

La película puede verse completa en la siguiente dirección:

https://www.cda.pl/video/5407613e

o pulsando sobre la siguiente pantalla:

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Ficha (Fuente: Filmaffinity.com)

Título original: Test pilota Pirxa (Doznanie pilota Pirksa) (Navigaator Pirx)

Año: 1978

Duración: 104 min.

Dirección: Marek Piestrak

Guion: Marek Piestrak, Vladimir Valutskiy (Historia: Stanislaw Lem)

Música: Arvo Pärt

Fotografía: Janusz Pawlowski

Reparto: Sergei Desnitsky, Aleksandr Kaidanovsky, Vladimir Ivashov, Tõnu Saar,Aleksandr Belyavsky, Igor Przegrodzki, Boleslaw Abart, Janusz Bylczynski,Mieczyslaw Janowski, Jerzy Kaliszewski, Zbigniew Lesien, Ferdynand Matysik

Productora: Coproducción Polonia-Unión Soviética; Dovzhenko Film Studios / Tallinnfilm / Zespol Filmowy

 

 

Pasión que redime, de Robert Stevenson (con Hedy Lamarr, la actriz que “inventó” el wifi)

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Hedy Lamarr, muy conocida por ser la primera mujer que protagonizó un desnudo y simuló un orgasmo en la Historia del cine (Éxtasis, Gustav Machatý, 1933), fue también la inventora, nada más y nada menos, que de un sistema de comunicación que es la base del WiFi, el Bluetooth y de otras tecnologías actualmente en uso.

Su historia es de esas que da para unas cuantas películas: nacida en Viena en 1914 y casada a los 18 con un poderoso empresario armamentístico austríaco, Friedrich Mandl, se encontró de pleno con el auge del nazismo en su propia casa. En 1933, Adolf Hitler ya había ascendido al poder en Alemania, y Mandl, un notorio fascista, tenía contactos importantes dentro del Partido de modo que se convirtíó en un suministrador regular de armas de los nazis. Se cuenta que durante los cuatro años que duró su matrimonio con Lamarr, esta se convirtió en una reclusa en su propia casa.

En una maniobra digna de una película de espías, Hedy Lamarr (de padres judíos, por cierto) huyó en 1937 a París disfrazada de criada. Es allí donde conocerá a Louis B. Mayer, el presidente de Metro Goldwyn-Mayer, quien le ofrecerá un contrato de siete años en Hollywood.

Lo de ser actriz se le daba bien (entre 1940 y 1949 llegó a grabar hasta 18 películas), pero parece ser que acabó aburriéndose y comenzó a desarrollar en paralelo su interés previo por las ciencias aplicadas, lo que, combinado con su repudio por el régimen nazi, terminaría derivando en su gran descubrimiento.

1942 sería el año en el que inscribiría la patente de un método de comunicación secreto que buscaba evitar la detección de torpedos enviados por las tropas aliadas. La idea de Hedy era que, si podías hacer que tanto el transmisor como el receptor saltaran simultáneamente de frecuencia a frecuencia, entonces cualquiera que intentara interrumpir la señal no sabría dónde se encontraba.

Finalmente, a pesar de su brillantez, su invento no se usó a lo largo de la II Guerra Mundial, aunque sí lo aplicaría el ejército de EE UU en 1962, durante la crisis de los misiles en Cuba.

Lamarr desarrolló, además, otros inventos: una versión mejorada de los semáforos y una pastilla para crear una bebida gaseosa.

Por lo que se refiere a su trabajo como actriz, entre sus películas más memorables se encuentra “Pasión que redime” (Dishonored Lady, 1947), un intenso drama psicológico dentro de los cánones del cine negro clásico que narra las historias paralelas de dos seres en conflicto que se encuentran en una apartada y anónima pensión regentada por una siniestra patrona: la de Hedy Lamarr, que interpreta a una mujer frívola que va buscando un nuevo sentido a su vida, huyendo de sí misma, y la de Dennis O’Keefe, un científico abnegado que persigue un medicamento que beneficie a la humanidad, y que añora un poco de compañía que alivie su soledad.

“Pasión que Redime” nos ofrece, con elegancia y sin estridencias, y con un sugestivo argumento y un elenco de actores en estado de gracia, dos de los géneros y de los contenidos más recurrentes del cine clásico americano de los años cuarenta: el cine negro, el melodrama y las temáticas del falso culpable y del psicoanálisis.
Intriga, acción y una arrebatada historia afectiva -el trasfondo es de un romanticismo sin paliativos-, tratados con una intachable sobriedad, recorren los casi noventa minutos que dura este turbador film.

La película puede verse completa pulsando sobre la siguiente pantalla:

La novia de Frankenstein, de James Whale

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En 1935 se estrenará una de las primeras secuelas del mundo del cine: ‘La novia de Frankenstein’, una segunda parte que, además, para muchos, supera en interés a su original, lo que no es poca cosa.

Sería un año antes cuando la Universal, visto el gran éxito de la mítica ‘El Doctor Frankenstein’ en 1931, le propondría a James Whale poner en pantalla de nuevo al monstruo, esta vez además, acompañado.

En ‘La novia de Frankenstein’ Boris Karloff interpreta una vez más al monstruo y Elsa Lanchester a “la novia”, con aquel pelo electrizado y ligeramente encanecido que la acabó convirtiendo en una imagen icónica que se proyectaría a partir de entonces por el imaginario popular. La actriz hace aquí un doble papel, ya que interpreta también a una bella y sensual Mary Shelley al comienzo de la cinta.

El realizador, Whale, le aporta esta vez a la película un marcado toque expresionista y gótico, con un tenebroso juego de luces y sombras que subraya la fotografía de John J. Mescall, incluyendo extrañas angulaciones, planos laterales expresionistas, imágenes con abundantes zonas oscuras, sombras lúgubres y arquitecturas alucinantes.

Atención especial merece también la música, de Franz Waxman, quien compone una magnífica partitura original de estilo vanguardista, sustentada en un tono pletórico y tenebrista que subraya la irrealidad del relato.

La acción de la historia tiene lugar en Suiza, en los años 1816 y 1817 y parte del momento en que el pérfido Dr. Septimus Praetorius (Thesiger) reclama la colaboración de Henry Frankenstein para crear la réplica femenina del monstruo.

La película obtuvo un notable éxito de público y reforzó la pervivencia del mito para el futuro, enriqueciéndolo de matices, haciéndolo hablar y sentir (y por si fuera poco incluso beber vino y fumar).

Para ver la película en español pulsar sobre la siguiente imagen:

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Para ver la película en versión original pulsar la siguiente imagen:

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