El arco iris de la gravedad, de Thomas Pynchon

1366_2000El arco iris de la gravedad es, tal vez, la obra más conocida de la narrativa compleja y laberíntica del inabordable Thomas Pynchon. En sus mil y pico páginas desarrolla la historia de un militar que fue sometido a experimentos pavlovianos por el profesor de Harvard Laszlo Jamf, un descontrolado científico alemán colaborador de los nazis. Una de las consecuencias de estos experimentos es que desde entonces, cada vez que cae una bomba alemana V-2, el protagonista sufre una respuesta en forma de estímulo sexual.

La mayor parte de esta inquietante novela se desarrolla en Londres o en la Europa continental durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial y a lo largo de las semanas que siguieron a la capitulación de Alemania el ocho de mayo de 1945. La novela despliega una erudición impresionante en campos tan variados como la química, las matemáticas, la historia, la religión, la música, la literatura o el cine. Pynchon trabajó sobre la novela a lo largo de muchos años de las décadas de los sesenta y los setenta, cuando vivía en California y México, y corrigió manuscrito hasta el mismo día de su impresión.

En la Red de Bibliotecas del CSIC se pueden encontrar dos libros que abordan diferentes aspectos de esta monumental obra ya clásica:

Gravity’s Rainbow, domination, and freedom

Luc. Herman Steven Weisenburger 2013
ISBN 0-8203-4595-4; ISBN 0-8203-4655-1

A gravity’s rainbow companion [electronic resource] : sources and contexts for Pynchon’s novel

Steven Weisenburger c2006
ISBN 1-283-11034-2; ISBN 9786613110343; ISBN 0-8203-3764-1

El caso Oppenheimer, de Heinar Kipphardt

casoOppenheimer

Después de la catástrofe de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto con la “apoteosis” del bombardeo atómico de Hiroshima y Nagasaki, dramaturgos como Peter Weis y Heinar Kippardt escribieron “La indagación” y “El proceso Oppenheimer” respectivamente, documentos en que la historia del pasado dejaba de ser el material de la fabulación para dar paso a la descarnada realidad.

En “El caso Oppenheimer” la materia no era tanto la tragedia de las dos ciudades japonesas víctimas del terror atómico, sino sobre todo la responsabilidad ética y moral de la ciencia que se había abrazado a la máquina destructora del Estado.

“El caso Oppenheimer” se centra en la historia de un científico americano que se opuso al arma atómica que él mismo había ayudado a construir en Los Alamos y que sería sometido a juicio por ello. Esta obra de Kipphardt puede ser tomada como el ejemplo más claro del denominado teatro-documento; son las declaraciones, los discursos, las actas de acusación y de defensa del caso, los testimonios en pro y en contra de la bomba atómica y el debate sobre la finalidad de la ciencia los que forman su materia dramática.

En esas fechas los científicos se debatían entre el pacifismo y seguir investigando o creando bombas más mortíferas que las de Hiroshima y Nagasaki. Entre los partidarios de llegar a acuerdos sobre desarme con la Unión Soviética estaba J. R. Oppeheimer que después del desastre atómico – el había sido el director del Programa Manhatam realizado en los Álamos- su formación humanística y su vinculación años antes con el comunismo hasta declarar que había sido un compañero de viaje, abrió en su conciencia la duda y la culpa. Y a partir de 1952 con Eisenhover en el poder triunfó la línea dura, una vez conocido que los rusos también tenían la bomba atómica. Entonces fue destituido de la presidencia del comité asesor de la Comisión de la Energía Atómica para posteriormente negarle el acceso a los secretos oficiales en materia de armamento nuclear. Pero esto no bastaba. A partir de entonces los servicios secretos indagaron en su pasado y tuvo que someterse a una investigación que instruyó el caso cuyas conclusiones fueron publicadas en mayo de 1954.

A Heinar Kippardt no le interesaba la verdad que tenía que investigar el comité nombrado por la Comisión de Energía Nuclear de Estados Unidos; en su texto teatral asistimos a la búsqueda de una conciencia atrapada por contradicciones que superaron al propio héroe que desde los inicios del proyecto nuclear se debatía entre una concepción humanista de la historia y un momento histórico en el que el enemigo común de la Humanidad era el nazismo. Todo se había confabulado en aquello trágicamente: el proyecto Manhattan se había convertido en experimento de brujos sin tener camino de retorno. La Ciencia había pactado con el diablo, al tiempo que la ortodoxia política, como afirma uno de los abogados defensores, destruye a los científicos con el consiguiente exterminio de una parte de la libertad de opinión y de la libertad política.
Al final del proceso, Julius Oppenheimer fue acusado de deslealtad por haber mantenido relaciones amistosas con comunistas y por haber retrasado la fabricación de la bomba de hidrógeno por escrúpulos morales y haber prestado poco entusiasmo al programa termonuclear. Ante dicha “sentencia,” el profesor Oppenheimer se limitó a describir la paradoja en la que se encuentra el científico en este momento con tanto poder en sus manos y, al mismo tiempo, tan impotente, y a declarar que se siente equivocado de haber elaborado medios de destrucción tan perfectos y de haber realizado el trabajo de los militares.

En la Red de Bibliotecas del CSIC se encuentra disponible un libro que analiza la figura del autor en el contexto del teatro contemporáneo del siglo XX.

Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo, de Galileo Galilei

galileoEn 1632 este ensayo sentó las bases de la física moderna y supuso -según algunas voces- el arranque oficial de la ciencia moderna. En él Galileo retomaría las ideas formuladas por Copérnico sobre el movimiento terrestre del campo de la astronomía y lo plantearía en el terreno general de la filosofía de la naturaleza. Su obra se convirtió así en un texto capaz de hablar de ciencia física, astronomía, epistemología, lógica y filosofía, y de la propia cultura.

Galileo Galilei (1564-1642) se propuso agitar y desplazar con esta obra la vieja visión física y filosófica del mundo, basada en la noción aristotélica de un mundo firme e inmóvil.

Su publicación condujo, de hecho, a su autor hasta la Santa Inquisición renovando, así, la controversia entre los defensores del heliocentrismo copernicano y los geocentristas ptolemaicos y aristotélicos. Galilei sería condenado, tras abjurar de sus creencias, a cadena perpetua –más tarde rebajada a reclusión menor-.

Recordemos que fue en 1543 cuando el astrónomo polaco Nicolás Copérnico (muy poco antes de morir) publica su libro La revolución de los cuerpos celestes, un inmenso salto cualitativo sobre la concepción de los mecanismos que movían el universo.

Según Copérnico la Tierra no era, como se creía, el núcleo estático del firmamento sino que la actividad dinámica del Sol, los planetas y las estrellas se podía explicar admitiendo el doble movimiento de la Tierra, es decir, la rotación diaria sobre su eje y la traslación anual alrededor del sol. Con este pensamiento se desmontaban las viejas teorías del astrónomo Claudio Ptolomeo, quien en el siglo II a.C había establecido que la Tierra era el centro de referencia universal y que todo giraba, incluido el sol, en torno a nuestro planeta; algo muy parecido a lo planteado por el griego Aristóteles algún siglo antes. Esta última hipótesis era la admitida por la Iglesia católica, por lo que que los defensores de Copérnico, en su casi totalidad protestantes, fueron considerados herejes de la ciencia impuesta y asumida. Incluso algunos, como el fraile Giordiano Bruno, acabaron en la hoguera. Finalmente ese debate se recrudeció en 1632 tras la publicación de Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo.

La obra de Galileo nos presenta en su argumento principal a tres personajes que discuten sobre la teoría expuesta. Por un lado Salviati, hombre progresista y abierto, que defiende los postulados copernicanos. En el otro extremo se encuentra Simplicio, personaje reaccionario y encastillado con las propuestas científicas imperantes en la época. En medio de los dos se sitúa, a modo de juez y árbitro de la contienda, Sagredo, quien se va decantando por los postulados razonables de Salviati. A medida que pasan las páginas y se suceden los diálogos, el lector se va percatando de las intenciones de Galileo, quien se demuestra como un gran divulgador científico, manejando la situación hasta conseguir su propósito sobre la difusión de la postura copernicana.

Efectivamente Salviati representa al propio Galilei mientras que Simplicio encarna la figura del Papa Urbano VIII, un gran amigo suyo en otro tiempo. En realidad, parece ser que el mismo pontífice había dado permiso para la publicación de la obra confiado por las explicaciones de Galileo, quien se comprometió a no seguir encendiendo la hoguera de la controversia en este asunto tan delicado para Roma y su milicia intelectual, encarnada por entonces en la Compañía de Jesús. Sin embargo, nuestro personaje, comprometido con la verdad, no quiso eludir su responsabilidad científica y utilizó el texto a conciencia para denunciar el inmovilismo de los estamentos sociales dominantes en aquel periodo histórico.

No era la primera vez que Galileo se enfrentaba a las autoridades eclesiásticas. Ya desde la aparición en 1610 de su libro El mensajero sideral, donde se apuntaban las virtudes copernicanas, o en 1623 con El ensayador, que revelaba buena parte de sus ideas con respecto a las matemáticas como genuino lenguaje de la naturaleza, el Vaticano había intentado desacreditarle como astrónomo, llegando a formular contra él una acusación por herejía en 1615.

Con El ensayador Galileo había aprovechado para cargar las tintas sobre Horacio Grassi, un influyente jesuita a quien podemos considerar uno de sus peores enemigos. Nueve años más tarde, el religioso de la Compañía cobraría venganza alentando a los tribunales que juzgaban a Galilei por su Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo.

El proceso fue sinuoso e injusto. La presión sobre él se incrementó hasta el punto en que no tuvo más remedio que abjurar de sus creencias para evitar una más que segura condena capital. Galileo tenía entonces 68 años, estaba hastiado de tanta batalla científica, diezmado por la enfermedad, casi ciego y sordo, y parecía tan sólo ansiar terminar con aquello para retirarse a reposar en su modesta casa de Arcetri, en las proximidades de Florencia.

En 1639 publicó Discursos y demostraciones matemáticas en torno a dos nuevas ciencias, que después inspiraría a Newton para afinar su teoría sobre la gravitación universal.
Tres años más tarde, Galileo falleció.

Casi dos siglos y medio más tarde, en 1870, se haría pública la documentación sobre el juicio y, gracias a ello, se pudieron comprobar todas las lagunas e irregularidades del proceso que condujeron a su condena.

Según la leyenda, mientras firmaba su abjuración masculló entre dientes: “Y sin embargo se mueve”. Un epitafio digno del personaje y de una de las más grandes historias del conflicto entre ciencia y fe.

Disponible en la Red de Bibliotecas del CSIC

El túnel, de Ernesto Sábato

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Entre los escritores-científicos el de Ernesto Sábato es un caso verdaderamente peculiar: de hecho, antes de convertirse en uno de los escritores más importantes de la literatura hispanoamericana del siglo XX, Ernesto Sábato fue un reconocido físico que trabajó en centros internacionales de primer nivel, como el Massachusetts Institute of Technology (MIT) o el Laboratorio Curie en París.

Lo curioso es que fue precisamente la física lo que le condujo hasta París, donde paradójicamente empezó a gestarse su desapego por la ciencia. Contagiado de la irreverencia de los surrealistas parisinos y guiado por lo que denominaría “una intuición oscura pero persistente”, acabaría por abandonarla para dedicarse de pleno a la escritura.

Dentro de su trayectoria literaria algunas obras resultan especialmente emblemáticas. El Túnel es  una de ellas. Para muchos, El Túnel es la novela psicológica por excelencia. A veces difícil y densa, en ocasiones intrincada, fue publicada por primera vez en 1948 y se ha configurado como una referencia de la renovación estilística en lengua española de la primera mitad del siglo XX.

En ella Juan Pablo Castel, el personaje principal, cuenta en primera persona desde la cárcel los motivos que lo llevaron a cometer un crimen pasional hacia María Iribarne, su amante.

Disponible en la Red de Bibliotecas del CSIC

 

Científicas y educadoras : las primeras mujeres en el proceso de construcción de la didáctica de las ciencias en España

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María Ángeles Delgado Martínez revisa en este trabajo el proceso de construcción de la didáctica de las ciencias en nuestro país incorporando las aportaciones que realizaron las mujeres.

En el libro se estudian las relaciones entre ciencia, género y educación en los orígenes de la España contemporánea, de modo que nos brinda la oportunidad de conocer la contribución de todas aquellas mujeres, maestras y profesoras, cuyo trabajo sirvió para construir la Didáctica de las Ciencias Experimentales en nuestro país durante las primeras décadas del siglo XX.

Un libro muy pertinente para aquellas personas interesadas en la historia de la educación y la ciencia ya que recupera para la memoria colectiva la obra intelectual de un grupo profesional que frecuentemente, por su condición femenina, ha sufrido el desconocimiento, la ocultación y el olvido.

Disponible en la Red de Bibliotecas del CSIC

Éxodos, de Sebastiao Salgado

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A lo largo de seis años, Salgado retrató a emigrantes en más de 35 países documentando su desplazamiento en plena carretera, los campos de refugiados y los superpoblados barrios de chabolas donde muchos de los recién llegados a las ciudades suelen acabar. Su trabajo incluye a latinoamericanos entrando en Estados Unidos, judíos abandonando la antigua Unión Soviética, kosovares huyendo a Albania, refugiados hutus de Ruanda, así como los primeros refugiados por mar, árabes y subsaharianos intentando cruzar el Mediterráneo para pisar Europa. Sus imágenes presentan a personas que saben adónde quieren ir y a otras que simplemente huyen, contentas de estar vivas y lo bastante fuertes para escapar. Los rostros muestran dignidad y compasión en las circunstancias más amargas, pero también el rastro devastador de la violencia, el odio y la codicia.

Disponible en la Red de Bibliotecas del CSIC

Las nubes, de Aristófanes

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Las nubes (en griego clásico, Νεφέλαι) es una comedia temprana dentro de la obra del autor ateniense Aristófanes. En ella se esboza una fuerte crítica de los sofistas y sus enseñanzas, y no faltan los temas y personajes de moda de la Atenas de finales del siglo V a. C. La obra es especialmente conocida por albergar la referencia histórica más antigua sobre la figura de Sócrates.

La obra gira en torno a dos personajes: un padre, Estrepsíades (Στρεψιάδης), y su hijo Fidípides (Φειδιππίδης), cuya afición la hípica y los caballos acaba por sumir a su padre en deudas, quien, como consecuencia, acaba por idear un plan que implica enviar a Fidípides a la Escuela Sofista de Sócrates (despectivamente anunciada como “el Pensadero”) con objeto de formarle argumentativamente para repeler a los acreedores.

Repleta de peripecias, la obra aprovecha para ridiculizar y satirizar la figura de Sócrates y la de los sofistas esbozando un retrato muy alejado del canon establecido por Platón o dibujado por Jenofonte y desarrollando una feroz crítica desde posiciones conservadoras a lo que consideraba una amenaza educativa y formativa para las nuevas generaciones.

 

Las nubes puede leerse en alguna de las versiones digitales que se pueden encontrar por Internet y, como siempre, se encuentra disponible en la Red de Bibliotecas del CSIC