Arte y matemáticas: las esculturas de Rinus Roelofs

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Rinus Roelofs (1954) es un matemático y escultor holandés formado en Matemáticas Aplicadas en la Universidad Técnica de Enschede y licenciado en la Academia de Arte Enschede en la especialidad de escultura. Su fascinación por las matemáticas, en particular por las estructuras matemáticas, le ha permitido crear esculturas espectaculares hechas con materiales como el papel madera, el metal y el acrílico.

“Las estructuras matemáticas se pueden encontrar a nuestro alrededor. Podemos verlas en todas partes de nuestra vida diaria. El uso de estas estructuras como decoración visual es tan común que ni siquiera vemos esto como matemáticas. Pero estudiando las propiedades de estas estructuras y, especialmente, la relación entre ellas puede plantear preguntas que pueden ser el inicio de interesantes exploraciones artísticas”.

Considerado por muchos el sucesor de su compatriota M.C. Escher, Roelofs domina a la perfección las relaciones entre entidades abstractas, como las figuras geométricas, a través de las cuales expresa complejos conceptos matemáticos. Para erigir un poliedro dual convierte los vértices de un poliedro en el centro de las caras de otro: es decir, convierte cada cara en un vértice y viceversa. En el caso de los poliedros estrellados, construye una pirámide en cada una de las caras de un poliedro dado, creando así una figura geométrica totalmente distinta.

Algunas de sus obras pueden verse a continuación y también en su página web:

http://www.rinusroelofs.nl/

La microbiología como arte. Los virus gigantes de cristal de Luke Jerram

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El artista Luke Jerram ha logrado extraer belleza de la contemplación mayúscula de un virus gigante y sólido del SIDA o de una bacteria E-coli, haciendo esculturas una escala 1.000.000 de veces mayores que estos microorganismos.

Luke Jerram es un artista multidisciplinar, muy conocido por sus asombrosas instalaciones y proyectos. Si algo le caracteriza es la espectacular dimensión de sus obras.

Una de las colecciones más llamativas de su trayectoria es la titulada “Glass Microbiology“, consistente, como decimos, en la reproducción en cristal de microorganismos 1.000.000 de veces más grandes que su tamaño real, produciendo unas esculturas espectaculares y a la vez inquietantes.

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Las piezas que componen la colección se hallan en museos de todo el mundo, comoel Moma (Metropolitan Museum of Art NYC) o el Museo del Cristal de Shangai, entre muchos otros.

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Cada pieza fue creada como una alternativa a la representación convencional de los virus que, habitualmente, son coloreados artificialmente. Los virus, en realidad, carecen de colores, por lo que sus representaciones replican el aspecto de estos microorganismos.

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De hecho, en múltiples libros y revistas médicas se emplean fotografías de su trabajo para ilustrar de forma útil y con rigor el aspecto de los virus a los que aluden. En 2009 se emplearon como portada de la prestigiosa publicación “Nature” y aparecieron en revistas como “The British Medical Journal” o “Lancet”.

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Cada pieza de esta colección se realizó bajo la supervisión técnica de virólogos de la Universidad de Bristol.

Más sobre virus y sobre Luke Jerram:

Andy Goldsworthy: Encuadres insólitos de Land Art

land-art-andy-goldsworthy-16.jpgEl escultor y fotógrafo escocés Andy Goldsworthy es actualmente una de las referencias del panorama actual del Land Art.

El Land Art es una corriente del arte contemporáneo en la que el paisaje y la obra de arte se encuentran estrechamente enlazados. De hecho utiliza a la naturaleza como material (madera, tierra, piedras, arena, viento, rocas, fuego, agua etc.) para intervenir sobre sí misma.

Algo esencial de Goldsworthy es su perfecta sintonía con el entorno. Una simbiosis que permite que el artista pueda combinar los elementos que el paisaje ofrece y, sin más herramientas que sus manos, crear una escultura y aprovechar la luz y los demás elementos a su alcance para lograr ese resultado tan agudo y perturbador que lo caracteriza.

En muchas ocasiones Goldsworthy utiliza la geometría y, sobre todo, el círculo como elemento central de sus creaciones, como un eje sobre el que oscilar la construcción de su universo estético.

Goldsworthy lleva más de 20 años creando tanto para entornos naturales como para espacios cerrados, entre los cuales se encuentran galerías y museos como el Museo Nacional de Escocia o el Reina Sofía.

Algunas de sus obras más destacadas son las siguientes:

Agujero entre hojas de castaño de indias con tallos de hoja movidos por el viento

Agujero entre hojas de castaño de indias con tallos de hoja movidos por el viento (julio de 1986)

Círculo de entre 2 y 3 pies de diámetro

Círculo de entre 2 y 3 pies de diámetro (enero de 1980)

Círculo con un tejido de ramas

Círculo con un tejido de ramas (abril de 1986)

Tres composiciones de círculos

Tres composiciones de círculos con hojas (enero de 1980)

Agujero cubierto con pequeñas piedras puntiagudas

Agujero cubierto con pequeñas piedras puntiagudas (enero de 1980)

Serpentina de nieve

Serpentina de nieve construida con un palo (marzo de 1984)

Arco de nieve y rocas

Arco de nieve y rocas (febrero de 1986)

Piedras rotas rayadas en blanco con otra piedra

Piedras rotas rayadas en blanco con otra piedra (junio de 1985)

Línea curva en hojas de ajo

Línea curva en hojas de ajo (mayo del 1983)

Gradiente de color creado con hojas

Gradiente de color creado con hojas

Círculo con hojas

Círculo con hojas

Andy Goldsworthy

Un árbol creciendo de una roca

Una vía para conocer mejor al personaje y al artista es el documental Rivers and Tides, de Thomas Riedelsheimer, en el cual podemos ver cómo trabaja la mente creadora de Andy Goldsworthy. Muy esclarecedor.

The Oldest Living Things in the World, un proyecto de Rachel Sussman

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Para el proyecto The Oldest Living Things in the World la artista Rachel Sussman ha viajado durante años por todo el mundo fotografiando organismos que han vivido durante al menos 2 000 años. Desde actinobacterias de 500 000 años de antigüedad en el permafrost siberiano hasta un abeto solitario en una montaña prácticamente estéril en Suecia, sus imágenes capturan a la vez la robustez y la fragilidad de la vida.

Su proyecto comenzó en 2004 y desde entonces ha investigado y viajado por el mundo para encontrar y fotografiar los organismos vivos más antiguos del mundo, trabajando en estrecha colaboración, entre otros, con los biólogos. Además, asegura que detrás de cada viaje existe una búsqueda exhaustiva en revistas académicas para identificar a aquellos científicos que estudian los organismos más antiguos.

Dos criterios son los que decidió que debían cumplir estos organismos para convertirse en parte de la obra: habían de tener más de 2.000 años de antigüedad (una cifra arbitraria, según ella) y el organismo debía haber vivido de forma ininterrumpida durante ese período.

Sussman comenta que “El proyecto es en parte arte y en parte ciencia, al que hay que sumar un componente ambiental.” Recalca que su proyecto alberga un doble mensaje. En primer lugar, hay un aspecto relativizador según el cual la totalidad de la historia humana queda minimizada por la longevidad de la vida que nos rodea. En segundo lugar supone una advertencia respecto al medio ambiente. “Tenemos estos organismos que han perseverado en silencio durante una cantidad inconmensurable de tiempo, pero que ahora están en peligro”, cuenta.

La colección The Oldest Living Things in the World ofrece una perspectiva prácticamente inédita de la vida en la Tierra. Muchos estaban vivos en la edad de bronce. Otros se esforzaban por sobrevivir mucho antes de que los humanos modernos se pusieran a caminar y emigraran de África.

Esta es una pequeña selección de algunos de los organismos más longevos de nuestro planeta:

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ISLAS BALEARES: Posidonia. En mayo de 2006 se halló en las cercanías de Formentera, un ejemplar de esta especie de 8 kilómetros de largo, que es la planta más grande conocida, y el mayor ser vivo sin considerar los hongos; su ritmo de crecimiento es de 2 centímetros por año y su edad se ha estimado en 100 000 añosSussman_jomansugiJAPÓN: Cedro japonés: Jomon Sugi, localizado en la isla de Yakushima. Este árbol parece ser, en parte, el catalizador del proyecto. Estando de viaje en Japón, Sussman se enteró que este árbol tenía más de 2.180 años. Fue el primer ejemplar de su colección al que visitó y fotografió.

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CHILE: Planta Llareta-yareta. Alrededor de 3000-años de edad. Parece musgo pero es un arbusto que crece en el desierto de Atacama, en los Andes, a una altitud de 4.500 metros. Mide alrededor de 2,5-3m de diámetro, y habita en la superficie de cantos y piedras redondas y lisas. Esta planta se compone de una densa masa de miles de pequeñas ramas, cada una termina en un brote de pequeñas hojas verdes. Crece en matas bien densas, de modo de reducir pérdidas de calor, y muy cerca del suelo donde la temperatura del aire es de 1 o 2 ºC más alta.

En este vídeo de TED podemos ver cómo Rachel Sussman presenta su proyecto:

https://embed.ted.com/talks/lang/es/rachel_sussman_the_world_s_oldest_living_things.html

Para ver más fotos y saber más de la autora, es posible visitar su Web:

http://www.rachelsussman.com/

O buscar su libro del mismo título.

El ADN y Dalí

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“Árabes acidodesoxiribonucleicos” ( 1963 )

En 1953 fue descubierta la doble hélice de ADN, un acontecimiento científico de primer orden que resultaría asimismo toda una revelación para Salvador Dalí.

Se dice que un día, hablando sobre ello, acabó dejando una frase que ya se ha hecho célebre y que sintetiza a la perfección el asombro que le provocó:
“…Y ahora las declaraciones de Watson y Crick sobre el ADN. Esto es para mí la prueba
verdadera de la existencia de Dios”.

A partir de los trabajos de Watson y Crick Dalí comenzó a reflexionar y a trabajar para incorporar la nueva estructura a su obra. Y algunas muestras de ello hoy pueden servir para comprender un poco mejor su fascinación.

Se dice que para él los códigos de las espirales genéticas representaban algo más que el “secreto de la vida”, simbolizaban la inmortalidad, los brazos de Dios resucitando a Cristo, la ley moral divina, algo así como los peldaños de la escala de Jacob y sus ángeles subiendo y bajando como moléculas de ADN (motivo que acabaría plasmado en un lienzo de forma prácticamente literal).

Uno de las muestras más tempranas de Dalí en la incorporación de la estructura ADN es el cuadro llamado Paisaje de mariposas en 1956.

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Más adelante, en 1963, dedicaría una carpeta de litografías a los citados Watson y Crick,  quienes habían sido galardonados con el Premio Nobel poco antes.

La titularía Galacidalacidesoxiribunucleicacid.

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El mismo Dalí, en el interior de la carpeta justifica lo extenso del nombre:

  “En un tiempo en el que los títulos de las pinturas son bastante cortos (P. ej: “Pintura numero 1” o “Blanco sobre blanco”) yo he llamado a mi homenaje a Crick y Watson

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Es mi título más largo en una sola palabra. Pero el tema es también muy largo. Tanto como lo es la persistencia genética en la memoria humana. Ya lo anunciaba el profeta Isaías: El Salvador está contenido en la cabeza de Dios, que lo ve por primera vez en la historia iconográfica. Sus brazos repiten la estructura molecular del modelo de Crick y Watson y levantan el cuerpo de Cristo muerto para resucitarlo en el cielo”.

El siguiente cuadro es el más conocido de la serie:

'Galacidalacidesoxiribunucleicacid', de Dalí.

Otra muestra se produciría a consecuencia de la petición de una obra que le hizo, en la década de los 70, el químico español Juan Oró para encabezar el programa de la reunión de la Sociedad Española de Bioquímica que se celebraría en Madrid. El resultado fue un lienzo en el que Dalí presentaba el ADN a la manera de la escalera de Jacob, por la cual, decía, se puede alcanzar el cielo. El cuadro incorporaba también unos ángeles que su autor identificó como los “ARN mensajeros”.

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En esa misma década, en 1973, crearía también otra obra inspirada en la estructura titulada La estructura del ADN. Obra estereoscópica

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Y en 1975 la denominada Mensajeros polinucleotídicos (Homenaje a Severo Ochoa)

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La recurrencia del ADN en su obra y en sus intervenciones públicas llegaría a oídos de Watson, quien mostraría interés en que se conocieran. El encuentro parece que por fin se produjo por fin una nochevieja del año 1965. Se dice que Salvador Dalí, que solía albergarse en el Hotel Sant Regis, recibió una nota de la recepción que rezaba:
“El segundo hombre más inteligente del mundo quisiera ser recibido por el hombre más
inteligente del planeta”.
La nota la firmaba el propio Watson. Se cuenta que tuvieron una emocionante cena en la que conversaron durante horas acerca del ADN y de la existencia de Dios.
Tras el encuentro Watson dijo algo así como:
“Era un hombre inteligente, ya sabe. Ahora bien, cuando decía que ‘la doble hélice
prueba la existencia de Dios’, él interpretaba la doble hélice a su manera, mientras que
para mí era justamente lo contrario: con la doble hélice no hace falta Dios”.

Se cuenta que la amistad entre Watson y Dalí se prolongaría durante mucho tiempo, pese a que mostraran opiniones y visiones del mundo tan dispares.

En cualquier caso, lo que parece claro es que el descubrimiento de la doble hélice caló con enorme fuerza y fijación en Dalí. De hecho, parece ser que fue enterrado con una túnica bordada expresamente para él con la doble hélice. Esperando, imaginamos, que le abreviase en lo posible su particular escalera hacia el cielo.

La ballena va llena

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El Proyecto Ballena es una obra de arte conceptual y La ballena va llena el registro documental de esta obra de un grupo de artistas argentinos —el colectivo Estrella del Oriente— que se pregunta si no se podría resolver el problema de las migraciones humanas convirtiendo a las personas en obras de arte que pudieran ser importadas por los museos del primer mundo para gozar así de la protección de las leyes que rigen la circulación y el cuidado de las colecciones de arte.

“¿Quién decide lo que es una obra de arte?”, se pregunta y se responde Juan Carlos Capurro, uno de los artistas: “Básicamente, lo deciden instituciones y medios legitimados. Como colectivo somos una institución, y si somos una institución nosotros también podemos hacerlo”.

El razonamiento parte del núcleo conceptual duchampiano de que una obra de arte puede ser cualquier cosa existente (ready made, ya hecha): “Si una obra de arte puede ser cualquier cosa, por qué no un ser humano”, reflexiona Capurro.

En línea con aquella ruptura emblemática en la historia del arte que fue la exposición de un urinario como obra, en 1917, por parte de Marcel Duchamp, el colectivo, integrado por el cineasta Marcelo Céspedes, el músico Tata Cedrón y los plásticos Juan Carlos Capurro, Pedro Roth y Daniel Santoro, encuentra esta particular “solución legal” al tema de la inmigración ilegal.

Una solución irrefutable, al menos desde la lógica surrealista de este colectivo. Aquella bíblica ballena que salvaba a Jonás de la tempestad marina, vomitándolo en tierra firme, daría forma a este barco que iría recolectando a los inmigrantes que se hubieran inscrito para emigrar —previa aceptación de su ‘pase’ a obra de arte— a museos de Norteamérica y Europa. En la nave viajarían también curadores, directores de instituciones y críticos de arte. Y para ver en qué términos transcurriría una travesía semejante podemos apreciar la maqueta del barco-ballena, que exhibe elementos arquitectónicos de los museos más importantes del mundo (parte del Pompidou, detalles del Guggenheim de Nueva York o de la Tate Gallery de Londres), y que culminan en el gran urinario donde se produce el pasaje simbólico de ser humano a obra.

Dibujo de la ballena-barco que transporta a los inmigrantes.

La ballena va llena es, según Daniel Santoro, “el registro semidocumental de una gigantesca acción artística, de carácter bíblico (…) que incluyó la realización de instalaciones a lo largo de la filmación de la película”. La más importante de esas instalaciones es la del Museo Real de Budapest, una de las puertas de entrada a la Europa occidental, en donde surgieron interesantes debates como el del estatuto que tendrían las obras una vez dentro del museo, si contarían con libertad de circulación o si estarían subordinadas a lo que las autoridades decidieran sobre el uso de su tiempo y mano de obra. De ahí surgió la Declaración de Budapest, que da forma más cerrada a la idea.