Cuando los mundos chocan, de Rudolph Maté

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En las películas de ciencia ficción a los científicos se les suele pedir de todo: concebir lo inconcebible, experimentar con lo nunca experimentado, inventar lo nunca inventado y, cómo no, salvar el mundo unas cuantas veces de los más inimaginables peligros: plagas, enfermedades, criaturas terroríficas, invasiones alienígenas, colisiones estelares…

En la película de este mes precisamente se desarrolla esta última posibilidad apuntada: los científicos de un observatorio han detectado una estrella gigante que en unos pocos meses chocará con la Tierra, lo que provocará la destrucción completa e irremediable de nuestro planeta. Las instituciones mundiales están hechas un lío, los científicos van de aquí para allá, nadie sabe muy bien qué hacer. Bajo este desesperado contexto, un grupo de empresarios decide financiar la construcción de una nave espacial con el fin de transportar a un número limitado de personas a otro planeta con el fin de crear allí una nueva civilización. A medida que se aproxima la colisión, y como no podría ser de otra manera, la tensión y la desesperación se irán incrementando…

El film -que obtuvo un Oscar por sus espectaculares efectos visuales- propicia asimismo una lectura en clave ética, política y social en absoluto menor. Fíjense que una vez se ha dado a conocer que el mundo se va a acabar y se construyen las naves que han de salvar a una cincuentena de privilegiados encargados de “reanudar” la humanidad, hay que decidir “quiénes suben”. Y lo primero que sabemos es que se decide subir a ingenieros e ingenieras, mecánicos y científicos. Y lo segundo que vemos es que son todos blancos, treintañeros, como salidos de una portada del Reader’s Digest de la época. Ellas con guantes, tocados, perfectamente maquilladas. Ellos, también en perfecto estado de revista, cortes de pelo y afeitados impecables, etc. Nada desentona, son perfecto reflejo de los cánones estéticos y sociales promovidos por el establishment norteamericano del momento. Lo perturbador, lo distópico -a su pesar- es constatar que lo que pretenden estos prohombres de la especie es crear un nuevo mundo sin otra raza que no sea la blanca, sin otra clase social que no sea la más privilegiada, sin otra actividad que no sea la puramente técnica…

…Y aquí comenzaría otra película…

La película puede verse completa haciendo clic sobre la siguiente pantalla:

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