Copenhaguen, de Michael Frayn

copenhaguen El núcleo dramático de la obra teatral de Michael Frayn se establece en torno al reencuentro del físico alemán Werner Heisemberg con su antiguo maestro Niels Bohr y su esposa durante la Segunda Guerra mundial (1941) en la capital danesa, en ese momento invadida por las tropas alemanas. Años anteriores ambos habían trabajado juntos y habían revolucionado la física y la mecánica cuántica, abriendo el camino hacia las investigaciones atómicas.

El resultado de ese encuentro nunca se difundió y los temas sobre los que conversaron ambos científicos resultaron desde entonces un enorme interrogante tanto para ciertos sectores científicos como para los políticos, dado que se presupone que Heisenberg estaba trabajando en ese tiempo en construir una bomba atómica. De aquel encuentro hoy sólo nos queda una certeza: aquellas horas que pasaron juntos los distanciaron definitivamente.

La obra comienza cuando el matrimonio Bohr, ya fallecido, comienza a recordar aquel encuentro. “Pero, por qué vino a Copenhague?”, pregunta Margarita, convencida de que “algunas preguntas perduran mucho tiempo después de muertos sus dueños”.

Esta pieza de Michael Frayn -basándose en un libro del periodista Thomas Powers, “La guerra de Heisenberg”- se estrenó en Londres en 1998 y se convirtió en un éxito inmediato, confirmado por el estreno en Broadway dos años más tarde y el Tony al mejor texto teatral del año. Desde entonces, Copenhaguen se ha considerado un texto de culto enmarcado dentro de la rama del teatro científico, ámbito del que trasciende, ya que dibuja una historia apasionante llena de preguntas sobre los vínculos peligrosos entre ciencia y poder y en torno a una conversación que podría haber cambiado la historia reciente de la humanidad. En ella se proyecta directamente una pregunta al lector o al público: “¿un científico tiene el derecho moral de trabajar una investigación sobre la explotación de la energía atómica?”, y se plantea abiertamente el conflicto ético derivado de “poner en manos de los hombres una fuerza absolutamente inmanejable”.

Como apunta Albert Presas, en su artículo “El científico en su papel: ciencia y teatro” (http://quark.prbb.org/28-29/028091.htm) su éxito “va más allá de lo genuinamente teatral para ser motivo de reflexión sobre la imagen de la ciencia y de los científicos en la sociedad y en las artes.”

El texto está publicado en diferentes formatos y se puede leer online o pinchando en el siguiente enlace: Copenhague (1998) de Michael Frayn.

 

 

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