El Experimento del doctor Ox, de Jules Verne

El experimento del Dr. Ox es una curiosa obra de Jules Verne, fundamentalmente en tanto que representa una particular mirada humorística de un autor que gozaba de cierta fama de circunspecto. De hecho, los protagonistas, el Doctor Ox y su auxiliar Ígeno (la broma, como se ve, comienza al pronunciar juntos los nombres del científico y su ayudante), realizan un viaje a la pequeña comunidad de Quiquendone, en Flandes, con la voluntad de realizar un experimento acerca de cómo influye el oxígeno sobre el comportamiento de los seres humanos, si se le suministra en dosis superiores a la que sus organismos necesitan. Y el resultado no puede ser otro que la continuación del tono descacharrante con el que Jules Verne comienza y con el que se dará un homenaje: la pacífica comunidad flamenca se hiperexcitará belicosamente de tal manera que llegará al punto de declararle la guerra a un pueblo vecino.

La historia está ambientada, como decimos en un imaginario villorrio de Flandes —el autor advierte que no se lo encontrará en los mapas, si bien aclara que no está lejos de Brujas— cuyo rasgo más llamativo es que allí nunca ha pasado ni pasa nada. En el retrato de sus habitantes, Verne satiriza el carácter (el tópico) nacional flamenco: la tranquilidad, la flema, la extrema parsimonia. Quiquendone es un lugar donde el tiempo parece estancado. Allí será donde, aprovechando que las autoridades le han concedido la instalación lumínica de la ciudad por medio de farolas de gas, el científico Ox satura la atmósfera de oxígeno puro, que irá convirtiendo a sus habitantes en unos exaltados que, al final buscan embarcarse en una guerra contra la localidad vecina por un casus belli —una vaca que pasó los límites y pastó brevemente en un prado quiquendonés— que se remonta a más de siete siglos atrás.

La fecha de redacción de la novela llama la atención, ya que pertenece a esa etapa que los expertos de Verne consideran de exaltación romántica de la ciencia, y en la que se incluyen la mayor parte de sus novelas más conocidas y que concluiría, más o menos, con Los 500 millones de la Begum, en 1879. Un detalle importante del humor de la novela es que obvia completamente el conflicto moral, ya que el protagonista, el doctor Ox, utiliza su invención sin la menor preocupación ética (es decir, sin advertir a los incautos quiquendonenses que están siendo víctimas de un experimento). Eso sí, más que ante una mirada sombría sobre la ciencia —al modo de la novela antedicha, que consiste en una premonición del nazismo y del uso de bombas de destrucción masiva sobre poblaciones civiles—, a lo que da pie es a levantar una gigantesca gamberrada con la que imaginamos al bueno de Verne divirtiéndose de lo lindo mientras da el punto final al manuscrito.

Esta obra, como siempre, se encuentra Disponible en la Red de Bibliotecas del CSIC

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