“Sombras blancas en los mares del Sur”, de W.S. Van Dyke (un documental que dejó de serlo)

Sombras blancas en los mares del surLa historia de esta película comienza vinculada a Robert Flaherty, el director de Nanook of the North (Nanook el Esquimal-1922) y Moana (1925), quien comenzó a dirigir Sombras Blancas… como uno más de sus particulares documentales en los que las cámaras se colocaban delante de personas que nunca antes habían visto una y que tenían que hacer de sí mismos y repetir sus faenas diarias o ejecutar sus ritos característicos, algo así como antropología escenificada al gusto occidental.

Como la productora, la todopoderosa MGM, ya se temía que los plazos que Flaherty se tomaría para realizar el film (en las Islas Marquesas de Oceanía) se le podrían ir de las manos, se había preocupado por colocarle un ayudante de dirección con fama de eficaz y solvente, de modo que cuando, efectivamente entendieron que esos plazos se habían ido de las manos, despidieron a Flaherty y lo reemplazaron por aquel, W.S. Van Dyke, quien terminaría figurando como director.

Esta película es una de las primeras que incorporó efectos de sonido (aunque únicamente aplicados junto con la música, sin extenderse aún a los diálogos, los cuales siguen apareciendo en forma de rótulos). Su estreno se retrasaría más de un año para que pudiera lucir esta novedad. Además, como curiosidad, cabe apuntar que será en su estreno cuando  los espectadores  escucharán por primera vez el rugido del león de la Metro antes de los títulos de crédito.

Rodada, como decimos, en las islas Marquesas, el argumento de la película es sencillo: cuenta la aventura de un médico que, desengañado del trato que los blancos dan a los nativos polinesios, se hace a la mar. La fortuna le hará naufragar cerca de una isla donde descubrirá el amor y la bondad natural de sus habitantes. Como telón de fondo de la película, se encuentra la amenaza que la llegada del hombre blanco representa frente a la inocencia de las culturas nativas. Este punto de partida, cimentado sobre la fascinación que en el occidente industrializado ejercían los países y los territorios que permanecían ajenos a su tipo de desarrollo, se plasmó en diferentes películas y consolidó un tipo de cine que combinaba la descripción de otras formas de vida más puras o “no contaminadas” con un tipo de discurso “rousseniano” muy orientado al consumo interno del propio occidente, ofreciendo una especie de “beatus ille” que ofrecía una vía de escape a las frustraciones del hombre y de la mujer urbanos del período de entreguerras.

W.S. Van Dyke alcanzó gran prestigio con este título, lo que le permitió poco después rodar la saga de ‘Tarzán de los monos’, además de otros títulos de ambiente exótico y, posteriormente, clásicos de los años 30 como ‘La cena de los acusados’, ‘María Antonieta’ o ‘San Francisco’.

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