La Mujer de las Dunas, de Hiroshi Teshigahara

La mujer de la arenaUn científico (un entomólogo, para más señas) se aventura en una región desolada en busca de un escarabajo extremadamente raro. Tras perder el autobús es engañado por las gentes del lugar para pasar la noche en una casa situada en un pozo de arena. Para llegar a ella debe descender por una escalera. Allí vive sólo una mujer y pronto comprueba que no puede escapar al ser retirada la escalera. A partir de ese momento, los días pasan con más lentitud. La arena se pega como una lapa a sus pómulos, sus piernas, a su cuerpo, y la cámara de Teshigahara lo recoge con una fuerza tremenda. Haciendo del plano detalle una potente herramienta, la película explora, en ocasiones casi a modo de documental, el ecosistema inédito de la prisión de arena en la que se ven obligados a convivir los dos personajes.

La película es mucho más que la imagen del cazador cazado, del entomólogo entomologizado, es también un thriler filosófico en el que las fronteras entre la libertad y el cautiverio se desdibujan a medida que se entretejen las historias particulares de los protagonistas. La alternancia entre los planos generales y los planos detalle nos dan la medida de los límites de la prisión del hombre moderno, alegorizado en este escenario de pesadilla por un personaje complejo, a la vez víctima y verdugo, que se ve arrinconado entre la implacabilidad de la naturaleza y las contradicciones de la propia naturaleza humana.

Cien por cien recomendable.

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