Viaje a la luna, de Georges Meliés

Cartel Francia de 'Viaje a la luna'Aún sorprende esta pequeña maravilla y no deja de hacerlo porque, más allá de sus hallazgos visuales y de su peculiar -y tan contagiosa estética-, asomarse a la historia de su gestación y construcción constituye también un descubrimiento fascinante. En su momento su minutaje (en torno a los 13 minutos) resultó el más extenso realizado hasta entonces y su presupuesto resultó poco menos que fastuoso para la época. Más de tres meses de rodaje dieron vida a una película hoy inmortal, el prólogo de un arte naciente y que hoy sigue explorando sin parar nuevas historias y desarrollando nuevas técnicas.

Un detalle curioso que contextualiza el la época en que se produce la película es que el Estudio de cine de Méliès que había edificado en Montreuil Seine-Saint-Denis en 1897, y que es donde se rueda, era una suerte de invernadero, es decir, un edificio con paredes y techo de cristal para permitir la entrada de tanta luz del sol como fuera posible, un concepto utilizado por los estudios fotográficos en la segunda mitad del siglo XIX.

La trayectoria de Meliés es, entre otras muchas razones, muy popular por los innumerables trucos visuales y de cámara que realizaba en sus filmaciones. Viaje a la luna es, quizá el compendio más logrado y efectivo, y también el resultado más conocido y accesible de su trabajo.

Para el/la que no la haya visto: ¡Tal vez los 13 minutos mejor invertidos de vuestra exposición a una pantalla!

Suerte.

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