El Aleph, de Jorge Luis Borges (o cómo la física cuántica surge en la literatura)

Esta obra marcará un punto de inflexión respecto al estilo que destilaba su colección anterior de cuentos, Ficciones. Así como los cuentos de Ficciones describían mundos imposibles, los de El Aleph revelan grietas en la lógica de la realidad; muestran una irrealidad secreta y oculta que, aunque es más visible en cuentos como El Zahir, La escritura del Dios o El Aleph, también está presente aunque una forma más sutil en otros aparentemente más realistas como Emma Zunz o El muerto.

En concreto, el cuento El Aleph narra el descubrimiento del personaje Borges de un objeto de objetos en la casa de su antigua amada Beatriz Viterbo. Esta pequeña esfera tornasolada de casi insoportable fulgor-de entre dos y tres centímetros de diámetro que aparece en el sótano de una vieja casa en la calle Garay, Buenos Aires- es el espejo y centro de todas las cosas, en la cual todo confluye y se refleja, a la vez y sin sobreposición. “Uno de los puntos en el espacio que contiene todos los puntos”…¿no les recuerda a la aparición de los agujeros negros descubiertos en los centros galácticos, donde la atracción gravitatoria es tan grande que ni siquiera la luz puede escapar?

El Aleph, entendido como un ensayo brillante de visión/localización, muestra un espacio ilimitado de simultaneidad y conforma una de las mejores y más interesantes interpretaciones de lo que se podrían denominar las Geografías Postmodernas y que han desarrollado, entre otros, Harvey, Soja o Massey.

Es, además, enormemente llamativa la capacidad anticipatoria de Borges. De hecho, la física cuántica mostrará en el futuro que las partículas tienen la propiedad de estar en varios lugares en el mismo instante. Cuando las observamos, pasan a estar en espacio muy definido. La física cuántica revela que el mundo, intrínsicamente, es azaroso. El Aleph esboza una sugerente interpretación de la relación entre los conceptos de totalidad y caos.

Borges es, para muchos, una suerte de microcosmos de la intersección entre ficción y realidad, entre arte y ciencia, capaz de combinar la laboriosa ingeniería de la construcción literaria con un profundo lirismo. Comparable, por ejemplo a otro de los protagonistas de nuestro Blog, a Bach, quien construía rigurosamente sus piezas musicales mientras, a la vez, era capaz de emocionar de una manera increíble. Borges sería así una especie de Bach vernáculo de la literatura.

¿Y si leemos a Borges mientras suena Bach?

Disponible en la Red de Bibliotecas del CSIC

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s