Genoarquitecturas

«Hay cosas que las palabras no pueden explicar, hay cosas que los científicos no pueden descubrir». Esta es una afirmación del artista Lidó Rico. Quizás por esto nació el proyecto «Genoarquitecturas», una combinación de arte y neurociencia. Dos neurocientíficos, Kuei Y. Tseng –neurofisiólogo de la Chicago Medical School– y José Luis Ferran –neurobiólogo y profesor de la Universidad de Murcia– se encontraron con Lidó Rico en una de sus exposiciones. La conversación dio para largo. Juntos se percataron de que la investigación que llevaban a cabo tanto en el estudio de arte como en el laboratorio tenía el mismo objetivo: buscar los porqués.

Fue entonces cuando la exploración de los comportamientos profundos humanos que mostraba el artista en sus obras, por una parte, y la estructura de la mente estudiada por los expertos, por otra, pudieron conectar y comenzar una relación que, por lo que parece, durará mucho tiempo. Según da a entender Lidó Rico, el conocimiento plasmado en una obra permite superar las dificultades comunicativas y hacer que la sociedad empatice con una cosa tan compleja como es el funcionamiento del cerebro a través de una herramienta que resulta más cercana, porque apela a las emociones y a los instintos más básicos del ser humano.

Próximamente se harán exposiciones de «Genoarquitecturas» siguiendo un orden preestablecido: de más sencillo a más complejo. Las cuestiones abordadas serán, entre otras, las adicciones y la enfermedad de Alzheimer.

Antes, Lidó Rico solía utilizar su propio cuerpo como molde para hacer sus creaciones artísticas. Afirma que le gusta «la verosimilitud, lo real» y detesta, en cambio, la cosmética y los maquillajes, porque «una obra de arte no es para que quede bonita», sino para hacer «trabajar las neuronas». No ha cambiado esta percepción del arte, pero sí que ha cambiado la técnica. Ahora, con la colaboración de los dos neurocientíficos, ha conseguido la autorización de la Universidad de Murcia para usar en sus obras los materiales que no cumplen los estándares para ser utilizados en investigación. Por ejemplo, el artista hace un molde con un cerebro humano.

Esta herramienta de exploración científico-artística permite que el conocimiento traspase las barreras de los laboratorios para llegar también a la gente común. Lo hace mediante el arte por una razón de peso. «Cuando las cosas nacen de una emoción pura es cuando aportan y ayudan a cuestionarnos cómo funciona nuestro entorno, y cómo funcionamos nosotros, los porqués, por qué somos tan cuadriculados», afirma Lidó Rico. El artista llama a la reflexión y reivindica la libertad. «Genoarquitecturas» es su proyecto para llegar hasta ella.

 

Esta entrada reproduce de forma prácticamente íntegra el artículo publicado por Marta Navarro en la Mètode el 21/06/2016. Dicho artículo pueden consultarlo pinchando aquí.

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